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La Hechicera
En aquel tiempo había una curandera que se dedicaba a la magia negra
quien se llamaba Eulalia Rodríguez, con domicilio conocido en la Rinconada.
Un día
muy temprano vino a visitar la ermita de Soledad de los Ranchos con el fin de confesarse.
Para ese entonces estaba de vicario Sebastián Galarza y le dijo: padre quiero que
me confiese; y el cura le contesto: y yo quiero que me hagas una de tus hechicerías
y te confieso; ella le contestó: está bien, me marcho a mi casa. Después llegó la
hora de merendar y el cura Sebastián salió de la Iglesia, fue a la casa que esta
frente al jardín principal como era costumbre. Cuando el sacerdote comienza a merendar
le dio un vomito muy fuerte y se puso muy grave, nadie se lo podía calmar y el padre
entonces les dijo: “TRAIGAN A LA CURANDERA LO MÁS PRONTO POSIBLE”. Ella llegó ese
mismo día al atardecer, platicó con el cura a solas y por arte de magia el sacerdote
Sebastián Galarza se curó y dijo fuertemente: “NO HAY QUE CREERLO TODO, PERO NO
HAY QUE DUDAR ESO”. Posteriormente el cura accedió al confieso de la hechicería.
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